“La base del equipo está siempre y juegan casi siempre todos los mismos”. La frase de Alejandro Orfila tras el 3 a 0 de San Martín ante Agropecuario apuntó a frenar una discusión instalada en torno al equipo: la supuesta rotación excesiva. La seguidilla reciente terminó dándole la razón: en las últimas cuatro fechas sostuvo a nueve titulares fijos, y los únicos dos cambios respondieron a la suspensión de Jorge Juárez y al ingreso de Guillermo Rodríguez por Alejandro Galván en la zaga central.

Sin embargo, el recorrido del semestre demuestra que el camino estuvo lejos de ser lineal. Al comienzo del ciclo, el DT uruguayo probó sobre la marcha porque no encontraba el funcionamiento ni tenía certezas claras. Fue una búsqueda forzada entre la irregularidad y los malos resultados, hasta que el rodaje decantó en una formación reconocible. El problema para el técnico es que, justo cuando la estructura empezaba a afirmarse, otra roja le impide volver a poner el equipo de memoria en cancha.

Búsqueda y parches

Para entender el presente del “Santo” hay que viajar a los primeros días del ciclo Orfila. Con las incorporaciones de julio (Rodrigo Ayala, Bruno Cabrera, Álvaro Veliez y Gabriel Carabajal), el cuerpo técnico buscó mayor peso ofensivo. Mostró un planteo ambicioso ante Almagro (3 a 0) y una fecha después, frente a Deportivo Maipú, paró por primera vez el 4-2-3-1.

Entre fines de julio y agosto, el plantel debió convivir con una seguidilla de bajas físicas y sanciones que afectaron de lleno al mediocampo. El doble “5” no hacía pie y cambió seguido: pasaron Milton Ríos, Laureano Rodríguez y Matías Ignacio García como titulares o auxilios cuando la contención flaqueaba. A eso se sumaron las expulsiones infantiles de Briñone y Juárez y el largo paso por la enfermería de Alan Cisnero.

En ese tramo, las variantes tácticas del DT incluyeron hasta a los arqueros, aunque Darío Sand finalmente recuperó el puesto tras algunos partidos de Nahuel Manganelli, mientras que en la pulseada por el lateral izquierdo, fue Nahuel Gallardo quien terminó ganándole el lugar a Ayala.

Una base para construir

El clic llegó tras la dura caída frente a Tristán Suárez a comienzos de septiembre. A partir del cruce con Agropecuario, aunque a San Martín le sigue costando, al menos encontró una alineación base sobre la cual apoyarse.

En la cancha, los rendimientos individuales todavía generan debate: Briñone sigue cuestionado por su irregularidad, el mediocampo volvió a mostrar grietas en la última fecha, Carabajal es intermitente y Mauro Verón alterna aciertos y errores. Sin embargo, repetir el esquema y los nombres le dio al equipo algunos automatismos útiles. Dentro de un plantel con limitaciones evidentes, sostener esa base sirvió para achicar el margen de error y, sobre todo en ataque, encontrar algo más de claridad.

Los resultados, con matices, acompañaron esa continuidad: ganó los dos partidos que jugó en La Ciudadela; en Jujuy estuvo a nada de traerse los tres puntos de no haber sido por un grueso error arbitral y en Rafaela, aunque la última línea tuvo una tarde para el olvido, el ataque respondió y marcó dos goles de visitante.

Esa regularidad de nombres se tradujo de forma directa en el arco rival: San Martín convirtió ocho goles en esos cuatro partidos (un promedio de dos por fecha), un contraste elocuente con los números previos del ciclo, donde apenas sumaba 13 tantos en 11 presentaciones (1,18 por juego) y arrastraba varias jornadas de sequía.

Pero cuando el DT destacaba haber encontrado certezas, las bajas reaparecieron. La roja a Gallardo generó un lógico fastidio: por una expulsión evitable, San Martín volverá a estar impedido de repetir formación este domingo ante Atlanta.

“Como que encontramos el equipo y el funcionamiento, entonces cada baja puede afectar”, admitió el entrenador tras el triunfo ante los salteños. No obstante, le brindó rápidamente la confianza a Rodrigo Ayala para ocupar ese hueco.

Por la derecha, en cambio, la duda es puramente futbolística. Juárez ya cumplió sus dos fechas de sanción tras la roja en Rafaela, pero Víctor Salazar rindió con solvencia frente a Gimnasia y Tiro.

Cuidarse para el cierre

El margen de error es mínimo. Ubicado 10°  con 43 puntos, San Martín está a tres de Colegiales, el último que hoy entra al Reducido.

Además de sumar, el “Santo” tendrá que cuidarse de las amarillas: Cabrera está en capilla con cuatro amonestaciones y Ezequiel Parnisari acumula ocho. Una tarjeta más dejará fuera por un partido al extremo y al borde de una suspensión de dos fechas al zaguero.

Orfila encontró una estructura para encarar la recta decisiva. El desafío para este domingo en Villa Crespo será demostrar que ese funcionamiento colectivo puede sostenerse aun cuando las bajas vuelvan a complicarle los planes.